CABALLEROS RUSOS DEL TOISÓN DE ORO

"… Por encima de la cruz colgaba de una cinta admirable la orden de Toisón de Oro – un corderito fundido.

Esta orden Ostap compró regateando a un viejo raro que podría ser un antiguo gran duque o, tal vez, un ayuda de cámara de un gran duque. El viejo pedía muy caro, insistiendo en que una orden así la poseen pocas personas en el mundo, en su mayoría de sangre real.

- El Toisón de Oro, - murmuraba el viejo, - ¡es el premio de la máxima virtud!

- Pués, la mía es precisamente la máxima, - contestaba Ostap, - y por encima compro a este corderito sólo porque es chatarra de oro.

Pero el Comendador no fue sincero. La orden la gustó desde el principio y él decidió quedarselo para siempre para que sea su orden del Becerro de Oro…"

En estas palabras los escritores soviéticos Ilyá Ilf y Evgueni Petrov, autores de "El Becerro de Oro" (1931), una de las mejores novelas satíricas de la literatura rusa del siglo XX, describen cómo el simpático aventurero Ostap Bénder, el protagonista de esta obra y, probablemente, el más famoso "caballero" literario de la insigne orden, adquirió el raro galardón. Una escena similar es concebible solamente en el país que recientemente haya pasado por una revolución. En circunstancias normales la Real Orden de Vellocino de Oro nunca acabaría vendida en el mercado negro: según sus Estatutos, tras la muerte del Caballero el distintivo se devolverá obligatoriamente a la Chancillería de la Orden. Dado que en 1917 había sólo dos Caballeros del Toisón de Oro en Rusia – el emperador Nicolás II y su hermano el gran duque Miguel Alexándrovich –, parece que Ilf y Petrov decidieron "condecorar" al "Gran Combinador" con la orden que pertenecía al hermano del último zar.

Desde luego, la historia de la Orden del Toisón de Oro no se vincula en Rusia exclusivamente a la tragicómica "sustracción relativamente honesta del dinero" al ciudadano Koreyko. Esta alta insignia se concedió a varios miembros de la Familia Imperial Rusa. Por un importante aporte al desarrollo de las relaciones de nuestro país con España, la merecieron igualmente algunos diplomáticos rusos.

La Orden del Toisón de Oro es una de las más antiguas de Europa. Se instauró en 1430 por Felipe III el Bueno, duque de Borgoña. Teniendo su origen en el mito griego sobre los argonautas, la orden atestiguaba el arrojo y la valentía caballeresca de quienes la lucían. En 1516 el Toisón de Oro pasó a ser la orden dinástica de la monarquía española, puesto que entre otros dominios el emperador Carlos V había heredado Borgoña. Esta calidad de la Orden del Toisón de Oro se mantiene incólume hasta nuestros días. El collar del Gran Comendador de la Orden aparece en el escudo oficial de la Casa Real Española.

Por primera vez la Orden del Toisón de Oro llegó a Rusia a principios del siglo XIX. Una vez terminadas las guerras napoleónicas, el rey Fernando VII introdujo en sus Estatutos un cambio sustancial relativo a la confesión religiosa de los caballeros: si antes debían obligatoriamente ser fieles de la Iglesia católica romana, a partir de ahí se les permitía pertenecer a otras confesiones. Esta reforma se hizo para que el rey de España pudiera premiar a sus socios de la Alianza Sagrada – monarcas no católicos de Inglaterra, Prusia y Rusia – por la restauración de los derechos dinásticos de los Borbones al trono español.

El primer caballero ruso de la Orden del Toisón de Oro fue, en 1814, el emperador Alejandro I. En 1816, se le sumó al soberano el brillante diplomático Dmitri P. Tatíschev (1767-1845), quien entre 1815 y 1821 ocupaba el cargo de ministro plenipotenciario de Rusia en Madrid. Según testimonian sus contemporáneos, durante los primeros años de su estancia en la capital española la influencia de Tatíschev sobre el rey Fernando VII era casi ilimitada. Agentes extranjeros en Madrid despachaban a sus gobiernos mensajes como éste: "La influencia del ministro ruso reina aquí por excelencia. El rey le consulta en todos los asuntos de importancia, inclusive los que tocan tan sólo a España. Ninguno de los ministros goza de tanta confianza, y si tienen que sugerir al rey algo especial, previamente se comunican con Tatíschev".

El papel activo que Rusia desempeñó en el arreglo del conflicto del Río de la Plata entre España y Portugal (1817) y la influencia creciente del ministro ruso ante la corte de Fernando VII suscitaban preocupación de las potencias occidentales, sobre todo de Inglaterra. Por Madrid empezaron a circular rumores de que Tatíschev supuestamente suscribiera un acuerdo con el Gobierno español, según el que Rusia obtenía la isla de Menorca para el anclaje de sus buques de guerra en el Mediterráneo a cambio de apoyo armado a España en la lucha de ésta contra sus rebeldes colonias  americanas. La sospecha de la existencia de "relaciones especiales" entre las cortes rusa y española era tan persistente que Inglaterra, Austria, Cerdeña y algunas otras potencias, recelosas de que Rusia se proponía perpetuar su Flota del Mar Negro en Baleares, exigieron que el Gobierno ruso diera explicaciones oficiales sobre el carácter de sus relaciones con España. El Gobierno ruso se vio obligado a confirmar que sus relaciones con Madrid se basaban exclusivamente sobre los tratados internacionales firmados anteriormente, al tiempo que a su representante en España se le dio instrucciones de "observar mayor cautela".

La influencia del embajador ruso en la corte española se terminó después de la historia con la venta a España de cinco navíos de línea y tres fragatas por el Almirantazgo de San Petersburgo en 1817-1818. Los buques, dañados por las fuertes tormentas del Báltico, se detuvieron en Inglaterra para los necesarios trabajos de reparación. Las autoridades inglesas, celosas de la posible intervención de Rusia en el conflicto de España con sus colonias americanas, desataron una campaña en la prensa, insisitendo en la baja calidad de los buques adquiridos y acusando a Tatíschev de una estafa contra las arcas de la Real Hacienda española. Estos rumores alcanzaron España y afectaron seriamente el prestigio de Fernando VII. Las relaciones del rey con el diplomático ruso perdieron su cordialidad y nunca volvieron a ser como antes.

En enero de 1819 Tatíschev envió una carta a Alejandro I, en la que solicitó su traslado de Madrid, quejándose de las intrigas de la camarilla y la envidia por parte del cuerpo diplomático: siendo caballero del Toisón de Oro, en la corte española él gozaba del derecho de libre acceso a las habitaciones privadas del rey y de otros privilegios que no tenían los demás diplomáticos extranjeros. En primavera de 1819 Tatíschev se fue de España, aunque sus vínculos con este país no se rompieron: en 1822 fue nombrado representante plenipotenciario del Gobierno ruso en el Congreso de Verona de la Santa Alianza, en el que abogaba enérgicamente por la idea de intervención armada en España para restablecer el régimen absolutista de Fernando VII.

En 1817 el intercambio de las órdenes dinásticas entre Rusia y España continuó: el Toisón de Oro se les concedió a los hermanos del emperador ruso, los grandes duques Constantino, Nicolás (el futuro Nicolás I de Rusia) y Miguel.

En 1823, después de que las tropas de la Alianza Sagrada aplastaron por petición de Fernando VII el pronunciamiento de los liberales constitucionalistas encabezados por Rafael Riego, el rey de España distinguió con la principal condecoración de su país a otro diplomático ruso quien diera a dicha empresa un sustancial aporte. El sexto caballero de la orden en Rusia fue el conde Charles-André Pozzo di Borgo (1764-1842), un corso al servicio ruso, veterano de la Guerra Patriótica de 1812 y la Campaña Extranjera del Ejército ruso, Ayudante General de Alejandro I y embajador de Rusia en París entre 1814 y 1835.

Al año siguiente, el monarca español honró con una similar distinción al conde Karl Robert Nesselrode (1780-1862), Secretario de Estado, Ministro de Asuntos Exteriores y Canciller del Imperio Ruso de 1816 a 1856. Fiel colaborador de Alejandro I y principal asesor de Nicolás I en asuntos de la política internacional, Nesselrode era partícipe obligatorio de todos los eventos diplomáticos importantes de la Europa de entonces. En los años cuarenta del siglo XIX tenía la fama del mejor "conocedor de otros países y gobiernos" en San Petersburgo. La política exterior rusa de aquellos años contribuía a la conservación de monarquías absolutistas en Europa, viendo en los regímenes tradicionales una garantía de paz y estabilidad. El conde Nesselrode era uno de los principales conductores de ese curso.

Antes de su fallecimiento Fernando VII dignó condecorar con el Toisón de Oro al gran duque Alejandro Nikoláyevich, quien en 1825 se hizo heredero del trono ruso, al que ascendió posteriormente bajo el nombre de Alejandro II. En 1835 el Gobierno ruso rompió las relaciones diplomáticas con España por motivo de su conversión en una monarquía constitucional.

El restablecimiento de contactos oficiales entre nuestros dos países aconteció en 1856 merced a las gestiones del nuevo ministro de exteriores de Rusia, el príncipe Alexander M. Gorchakov (1798-1883). Sucesor directo mas crítico implacable tanto del propio canciller Nesselrode como de su política, Gorchakov, quien encabezaba el Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia entre 1856 y 1882, goza merecidamente de la fama del más eminente diplomático ruso de la segunda mitad del siglo XIX. Con su nombre se vincula la recuperación de las posiciones de la política exterior de Rusia en Europa y la eliminación de las consecuencias de la Guerra de Crimea de 1853-1856, nefasta para Rusia. Una parte de ese programa de amplia envergadura era la normalización de las relaciones con España, por la que el diplomático ruso fue condecorado por la reina Isabel II con la orden del Toisón de Oro. El príncipe Gorchakov, no cabe duda, tenía mucho orgullo por ser condecorado con esta alta distinción. Por lo menos, con el Toisón  aparece en la mayoría de sus retratos oficiales, y entre ellos, en el conocido cuadro realizado por el artista Iván P. Köller-Viliandi en 1867 para homenajear el 50 aniversario del servicio del príncipe Gorchakov en el MAE (actualmente este retrato se expone en el Museo Estatal de la Historia en Moscú).

En 1856 la prestigiosa orden española fue concedida también al gran duque Nicolás Alexándrovich, primogénito de Alejandro II. La muerte prematura de este príncipe durante su viaje a Italia en 1865 alteró la sucesión dinástica. El hermano menor del difunto gran duque, Alejandro Alexándrovich, heredó su Toisón y luego, en 1881, ascendiendo al trono ruso como Alejandro III.

Nicolás II, el último emperador ruso, ostentaba el Toisón de Oro desde 1883. Su tío, el gran duque Vladímir Alexándrovich, se sumó a los caballeros del Vellocino en 1891. Fue él quien representó la Familia Imperial en la coronación de Alfonso XIII en 1902.

Los últimos caballeros del Toisón de Oro en Rusia fueron el gran duque Jorge Alexándrovich, el tío del zar (en 1896), y el gran duque Miguel Alexándrovich, el hijo menor de Alejandro III (en 1900).

A partir de 1931 el Toisón de Oro se otorga principalmente a representantes de las dinastías reinantes. Según parece, la historia de la insigne orden en Rusia ha terminado en el hermano menor de su último soberano.